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jueves, 22 de enero de 2009

Antisionismo sí es antisemitismo

Se ha dicho una y mil veces: la crítica a Israel no le convierte a uno en antisemita. Siempre y cuando uno no sea como los cientos de antiisraelíes que se concentraron a finales de diciembre en Fort Lauderdale (Florida) para protestar por la intervención israelí en la Franja de Gaza: como sus pancartas y consignas dejaban bien a las claras, no sólo se oponían a las políticas del Estado judío.

Y es que corearon proclamas como "Bombardeemos Israel con armas nucleares" y exhibieron pancartas en las que se acusaba a Israel de perpetrar una "limpieza étnica" y se podían leer cosas como ésta: "¿Tomó nota Israel del Holocausto? Feliz Janucá". En un momento dado, uno de ellos espetó a la decena de partidarios de Israel que se concentraron en la acera de enfrente: "¡Asesinos! ¡Volved a los hornos! ¡Necesitáis uno bien grande!".

El conflicto árabe-israelí levanta fuertes pasiones, y la frontera que separa la desaprobación legítima de Israel del antisemitismo puede que no siempre se distinga con nitidez. Ahora, cuando alguien urge a los judíos a "volver a los hornos", está claro que la raya ha quedado muy muy atrás.
La página web danesa Snaphanen reprodujo recientemente un pasquín repartido en la plaza donde tiene su sede el ayuntamiento de Copenhague. "Paz con Israel, ¡nunca! ¡Matemos al pueblo de Israel!", decía en una cara; y, en la otra, lo que sigue: "¡Hay que matar a los judíos en cualquier parte del mundo! Paz con los judíos, jamás. Simplemente, hay que matarlos estén donde estén". La ortografía del panfleto dejaba mucho que desear, pero su exaltación del antisemitismo genocida no podría ser más diáfana.

Lo mismo cabe decir de lo que se pudo escuchar en Ámsterdam en Año Nuevo, durante una manifestación antiisraelí: "¡Hamás! ¡Hamás! ¡Los judíos al gas!". En Bélgica, simpatizantes de la referida organización terrorista quemaron banderas israelíes y menorás y pintaron esvásticas en tiendas propiedad de judíos. La consigna aireada en las manifestaciones de Boston, Los Ángeles y Vancouver fue sólo un poco menos vil: "Palestina será libre desde el río [Jordán] hasta el mar", que es lo mismo que dice Mahmud Ahmadineyad con otras palabras: hay que borrar a Israel del mapa.

Digámoslo por centesimoprimera vez: los comentarios negativos sobre Israel no tienen por qué ser expresión de prejuicios raciales. Israel no es más inmune a las críticas que los demás países. Pero se necesita padecer de ceguera voluntaria para no ver que el antisionismo de hoy, el rechazo a la existencia de Israel, a la idea de que el pueblo judío tiene derecho a dotarse de un Estado, no es más que el collar nuevo del viejo antisemitismo.

El odio a los judíos siempre ha sido proteico, se ha adaptado a las circunstancias de cada momento. Ha habido épocas en que a los judíos se les ha puesto en la diana por motivos religiosos: se les ha acusado –hasta el punto de la satanización– de asesinar a Cristo y de ser enemigos de la fe verdadera. Otras veces se les ha visto como desleal quinta columna que había de ser reprimida o expulsada, o como una raza degenerada que debía ser exterminada. En nuestros días, el odio a los judíos se expresa de manera aplastante en términos nacionales: es el Estado judío lo que obsesiona a los racistas.

Como ha escrito la columnista británica Melanie Phillips, el antisemitismo primero fue a por la religión de los judíos, luego a por los individuos judíos y ahora a por el Estado de los judíos.La afirmación de que el antisionismo no tiene nada que ver con la intolerancia no se sostiene. ¿Se imagina a alguien proclamar con vehemencia que Irlanda no tiene derecho a existir, que el nacionalismo irlandés es una variedad del racismo y que quienes asesinan a irlandeses son en realidad víctimas dignas de la simpatía del mundo? ¿Quién entendería esas filípicas como algo distinto al odio a lo irlandés? ¿Quién diría que sus propaladores no albergan prejuicios antiirlandeses?

Por eso, quienes demonizan y deslegitiman a Israel, quienes proclaman que el mundo sería mejor si ese Estado no existiera, quienes ensalzan o simpatizan con sus enemigos mortales, quienes lo equiparan con la Alemania nazi y la Sudáfrica del apartheid o le atribuyen crímenes que no sólo no ha cometido sino que sufre, esa gente, sí, es antisemita, tanto si lo reconoce como si no.
¿Se puede criticar a Israel? Que sí, claro que sí. Pero quienes lo critican con estridencia por la guerra que libra contra Hamás se están alineando con los más virulentos fanáticos antijudíos.

Pueden decirse a sí mismos que eso no les convierte en antisemitas, pero se equivocan. "Cuando la gente critica a los sionistas –decía Martin Luther King en 1968–, en realidad están pensando en los judíos. Son antisemitas".


JEFF JACOBY, columnista del Boston Globe.
Fuente: Libertad Digital

sábado, 10 de enero de 2009

CÓMO ESTÁ EL PATIO

Desde la España antisemita de Zapatero.


ZP lamenta que Israel no trate a Hamás como él a ANV


Según el ser humano que dirige los destinos de España desde la primavera de 2004, la respuesta de Israel a los bombardeos terroristas que viene sufriendo su territorio desde hace años es "absolutamente desproporcionada" (sic). Desde luego, comparada con la respuesta que Zapatero viene dando a las organizaciones terroristas que operan en suelo español, lo es y mucho, dicho sea en honor de los israelíes.


Los israelíes, al contrario que los ministros de la guerra españoles, prefieren matar al enemigo antes que morir ellos, sus familias y los ciudadanos de a pie que tardan más de quince segundos en llegar al refugio antimisiles.

Zapatero tiene aquí varias ramificaciones de un grupo terrorista (dedicadas a la propaganda, la recaudación, la provisión de material bélico, las finanzas y la comisión de atentados) y, salvo que se les coja con la pistola humeante en la mano, todos sus integrantes viven tan ricamente, y muchos de ellos hasta cobran un sueldo oficial. En ocasiones han sido calificados de interlocutores políticos y de insignes hombres de paz. Aún hoy, una organización ilegalizada e incluida en el listado europeo de entidades terroristas mantiene el poder en muchos ayuntamientos del País Vasco, como si fuera un partido político homologable a los de cualquier democracia de Occidente.

Hombre, Zapatero, si lo comparas con lo tuyo, el resto de las naciones responde a las amenazas terroristas de forma salvaje, porque no hay ninguna que haga una política antiterrorista proporcional según la medida de los artistas de la ceja, cuyos valores y equidistancia compartes.

La izquierda sociológica, que llevaba varios años sin una excusa válida para echarse a la calle a berrear (casualmente, desde que ganaron los suyos), ha encontrado en la operación del ejército israelí en Gaza un motivo perfecto para practicar una de sus aficiones preferidas: acusar a los judíos de nazis, que ya hay que echarle narices. Los artistas comprometidos con los valores del progreso social van (otra vez) de la mano de los distintos grupúsculos de extrema derecha, con los que compiten en odio al judío, sin que hasta el momento haya un claro vencedor en esta clasificación general de la infamia.

Mientras los terroristas de Hamás lanzaban cohetes contra la población civil israelí, todo estaba bien: los islamistas atacaban y los judíos morían, que es la proporción exacta según los parámetros progres, según su particular visión de la justicia y la equidad. Pero ocurre que los israelíes acaban cansándose de recibir misiles y de enterrar a los suyos, sobre todo cuando los ataques vienen de una zona que el propio estado israelí entregó a los palestinos, aun a costa de sufrir un severo desgaste político en sus filas, como ocurrió con las famosas imágenes de los soldados desalojando colonos por la fuerza que tanto dieron que hablar en la última etapa de Ariel Sharon.

Simón Peres, que no es precisamente un halcón sanguinario, se pregunta, con la inocencia propia del que ha recibido un Nobel de la Paz junto a un asesino como Arafat, por qué siguen bombardeándoles desde Gaza, ahora que ese territorio pertenece en exclusiva a los líderes palestinos. Es una buena pregunta que deberían hacerse también los representantes de la izquierda española antes de lanzarse a la calle a insultar a los judíos por su inveterada manía de no dejarse aniquilar.

También deberían ver estas imágenes (y cientos de videos similares), en los que se ve a los terroristas de Hamás lanzando misiles hacia Israel desde instalaciones civiles. En este caso concreto se trata de un colegio aparentemente gestionado por, pásmense, la ONU. Sí, la misma organización que traficó con barriles de crudo ensangrentados durante la II Guerra del Golfo, bajo la tapadera del programa Petróleo por Alimentos, y que prudentemente guarda un decoroso silencio desde que Israel decidió acabar con los terroristas casa por casa, también porque nadie hace caso a las recomendaciones de su consejo de seguridad, ni los unos ni los otros.

Si a la izquierda le preocupan de verdad las víctimas palestinas inocentes, deberían manifestarse contra los terroristas que las utilizan como escudos humanos, usando sus viviendas y locales para almacenar misiles y lanzarlos sobre Israel, en lugar de insultar al estado que cumple con su deber de proteger la vida de sus ciudadanos.

El remate es ver a los miembros, simpatizantes y beneficiarios del partido del GAL acusar a Israel de practicar el terrorismo de estado. ¿Es para descojonarse o no es para descojonarse?